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Poema escrito sobre la soledad de mis manos

De ti sólo tengo la súplica del viento
contra el ventanal que no abriré por nada.
Un postrero y frágil parpadeo de esta
tarde que al irse te llevará consigo
y en la noche mi palabra se tuerce,
se enclavará sobre este cuello moribundo
porque al dejar mi mano irás con tu pecho
descubierto para que tempestades hoscas
se te encimen; y cómo curar esos ojos
siempre desgarrados si yo sólo soy
una forastera melancólica
como alguien me nombró tal vez; una endeble
gitanilla que prefiere irse lejos
y adormecer el llanto sin ser vista.

Cuando la luna me persiga de cerca
indetenible hasta donde se reclinan
sobre mí los troncos y suelo escurrirme
en el silencio, enredándote en tus penas
para suave obligarme a danzar.
Un coche te espera en las márgenes del río
donde solían amarse nuestros corceles,
bajo nostalgias y yerbas una silente cabaña.
Te dirán: estuvo merodeando entre los rosales.
en sus brazos un libro viejo y sola caminaba.
Podrán decirte: estuvo anoche tomando
té con galletas y pesares. Estuvo sola.
Cuando la ventisca te voltee en tu lecho
búscame en el bosque.
Yo guardaré bajo veladas hojas
el recuerdo del tenue dorso de tu mano.

Irina Ojeda Becerra (Santa Clara, Cuba, 1976). Poeta.

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